martes, 31 de marzo de 2026

Notas a propósito de Pita Baptista

Artículo publicado el 15 de marzo de 2026

Asdrúbal Baptista Troconis. Foto: Ernesto Morgado/El Nacional

Probablemente fue un 23 de abril de finales de la década de los años setenta. El profesor Baptista me había citado a su cubículo situado en la Facultad de Ciencias Forestales. Allí tenía su sede el Instituto de Estadística Aplicada y Computación de la Facultad de Economía de la Muy Ilustre Universidad de los Andes.

Debió ser un 23 de abril porque ese día, después de encontrarnos en la entrada del edificio, apareció Bernard Mommer y Pita le brindó un saludo muy particular. “Feliz cumpleaños a tu partido”. El partido al que se refería Pita era al Partido de la Revolución Venezolana, el PRV que el guerrillero izquierdista Douglas Bravo había fundado cuando se deslindó del Partido Comunista en 1966. Diez años después, el profesor Mommer, alemán nacido en Francia que llegó a Mérida en 1976, encabezaba un equipo “clandestino” de trabajo del PRV, el cual produjo varios tomos de teoría económica e historia petrolera venezolana. De ese equipo formaba parte quien para la fecha era su esposa y quien era nuestra profesora de Historia, Dorothea Melcher,  además de algunos muy jóvenes profesores de la ULA.

Por esos días comenzaba a formarse la pareja intelectual de Baptista y Mommer que daría cuerpo a un enfoque novedoso sobre el tema petrolero venezolano del cual emergería el concepto de “capitalismo rentístico”. Nieto de un caudillo godo trujillano del siglo XIX; socialcristiano a la usanza andina, católico y seguidor del partido de Rafael Caldera, es decir copeyano; ferviente hijo intelectual de Teilhard de Chardin y Adam Smith, Pita se alió intelectualmente con el izquierdista radical Mommer. Ambos protagonizaron una aventura del pensamiento en la cual el concepto económico clásico de la “renta del suelo” sería utilizado para explicar el peculiar modelo económico venezolano.

Pita me había citado para hablar, sólo para hablar. El citado era apenas un estudiante y el profesor Baptista era una figura sobresaliente de la vida intelectual de la Facultad. Poco nos conocíamos pero el severo profesor de Macroeconomía, Rodolfo Guerrero, se encargó de amigarnos. Aquella mañana hablamos de Michał Kalecki, de sus similitudes y diferencias con Keynes, de su utilidad conceptual en el trabajo que Pita tenía en manos para diseñar un modelo propio que explicara la distribución del ingreso en una economía fuertemente impactada por el ingreso petrolero. El reducido espacio del cubículo del profesor Baptista estaba saturado de libros y revistas, como años después estaría su cubículo del IESA en Caracas. A un lado de su escritorio, quizás sobre una pequeña mesa o un pequeño archivador, estaba un ejemplar con poesías de Kaváfis, Aquella primera sesión de amistad terminó con una lectura suya, en voz alta, con cadencia andina casi confesional, que gustaba asumir y sabía utilizar. “Teme las grandezas, oh alma mía. Y si no puedes triunfar sobre tus ambiciones, entonces síguelas con duda y precaución. Y mientras más avances, más atenta y escrutadora has de ser”.

*****

Con certeza eran los inicios del año 1980. Raúl Huizzi Gamarra había conquistado la presidencia del Centro de Estudiantes de la Facultad de Economía el año anterior y me pidió que trabajáramos para idear y producir una revista. Se llamó “Inicio” y sólo circuló una vez.

La ULA era un hervidero de debate sobre el tipo de Universidad en la que debía convertirse. La larga, muy larga, gestión del rector Pedro Rincón Gutierrez debía llegar a su final ese año. La Universidad se debatía entre el proyecto de bandera socialdemócrata de José Mendoza Angulo y la visión meritocrática que se denominaba “Carta Académica” liderizada por Leonel Vivas Jerez. En la revista se incluyeron entrevistas con los dos candidatos al rectorado. También del entonces líder estudiantil Alfonso “Caracciolo” León, de Raúl Huizzi y de dos prominentes profesores de aquellos días: Cesar Briceño y José Valerio Vásquez. Todos debatían “acerca de la Universidad”. Un trabajo del joven profesor Fabio Maldonado reseñaba justamente el trabajo del equipo de Mommer. El otro entrevistado sería el profesor Baptista.   

En nuestra Facultad corría una sensación de orgullo por la proyección que la obra de Baptista estaba adquiriendo. “El Trimestre Económico”, revista arbitrada editada por el mexicano Fondo de Cultura Económica, era una gran referencia académica en español en el mundo de los estudios de Economía. Y unas semanas atrás Pita había llegado a la Facultad con un paquete que contenía separatas de su trabajo Gasto público, ingreso petrolero y distribución del ingresoincluido en la edición de marzo de 1980 de “El Trimestre Económico”. Queríamos entrevistar al profesor Baptista para la revista Inicio y preguntarle sobre las perspectivas económicas venezolanas a la luz de sus recientes formulaciones teóricas. Pero Pita se negó rotundamente a dar una entrevista. Por esos días Baptista no era hombre de dar entrevistas y prefirió que su participación fuera en la forma de un texto en el cual había estado trabajando con el apoyo de Rodolfo Guerrero.

Comentarios de ocasión sobre Keynes, el monetarismo y la economía venezolana” fue el artículo que aportó el profesor Baptista a la revista estudiantil. Le pedimos que posara para una fotografía que figuraría en la portadilla de su artículo y también se negó. “¿Si no existen fotografías de Smith, para qué se necesitaría una mía?”, fue el argumento de Pita. Por esos días Baptista no era hombre de posar para fotografías. La primera y púnica edición de la revista circuló. Alguien se equivocó mientras se elaboraba la portadilla usando aquellas letras transferibles que llamábamos “letraset” y se escribió el apellido del autor como “Batista”. Así que ese trabajo fue publicado sin la “p” del apellido del autor y sin su imagen fotográfica.

Haber usado el ejemplo de Smith en su excusa no dejada de ser una burla en clave para los miembros de la comunidad de la Facultad. Un busto con una dudosa imagen de Adam Smith escoltaba la vida de la Facultad desde un pequeño jardín al lado del largo pasillo de la sede provisional que ocupaba por los años ochenta. De tanto que la Facultad de Economía cambió de sede en las décadas siguientes hoy en día del busto de Smith nadie parece conocer su destino. De hecho, pensé que una adecuada ilustración para este texto sobre Pita Baptista habría sido una imagen de aquel busto. Emprendí una búsqueda, con mensajes en diversas redes sociales, tratando de localizar alguna persona que conservara una fotografía de aquel Adam Smith, pero la procura resultó infructuosa.

José Mendoza Angulo ganó el rectorado de la ULA a mediados de 1980. A la Facultad de Economía la renombraron en 1989 con el acomodaticio nombre de Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. Asdrúbal Baptista, ya mudado a Caracas desde mediados de los años ochenta, conservó su condición de profesor de la Facultad de Economía de la ULA con carácter vitalicio. Raúl Huizzi Gamarra conquistó el decanato de la Facultad en 2008.  

*****

La llegada a la presidencia de la República del socialcristiano Luis Herrera Campins, en marzo de 1979, significó que un grupo de profesores de la Facultad de Economía de la ULA consiguieran puertas abiertas en el Gobierno. Algunos probaron suerte aceptando cargos de segundo o tercer escalón ministerial en Caracas, pero pronto regresaron a Mérida.

El trabajo del profesor Baptista sobre la distribución del ingreso le valió que le otorgaran el “Premio Nacional de Economía 1979” conferido por el propio Herrera Campins. En esos días, junto a otros economistas, Pita fue comisionado por el ministro de Hacienda Luis Ugueto para definir los términos de una Academia de Ciencias Económicas. En Mérida comenzó a correr la versión según la cual el gobierno planeaba crear un instituto de investigaciones económicas el cual tendría su sede en la ciudad. Algunos señalaban incluso que sería construido un moderno edificio en terrenos del Parque la Isla en las inmediaciones de la sede de la corporación de desarrollo Corpoandes. En 1982 el comité del cual formaba parte Baptista presentó al gobierno nacional su propuesta. El hipotético instituto nunca se creó y el alucinado edificio nunca se construyó. En cambio, Herrera Campins promovió, mediante una ley de 1983, la creación de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, obviamente con sede en Caracas. En enero de 1984 Herrera Campins designó a una veintena de miembros fundadores. Baptista fue incluido en la lista de los primeros individuos de número de la naciente corporación.

El académico Baptista aseguró a sus amigos que se incorporaría a la Academia, pero no planeaba participar por algunos años. “Todavía tengo muchas cosas que hacer antes de sumarme a los viejos académicos” dijo Pita quien en 1984 andaba por los treinta y dos años de edad. Ya en 1988 aceptó ser el bibliotecario de la Academia, en 2005 fue el vicepresidente y en 2007 finalmente la presidió. 

*****

“A cada uno nos toca nuestra propia Cósima”, sentenció Pita en alguna conversa. Quizás en Mérida, quizás en Caracas, quizás un viernes en aquel bar abierto por españoles en la Mérida de los años ochenta llamado “La Taberna de Eugenio” o, quizás, en el comedor del IESA o, en un pasillo de la UCV. Quizás en los años ochenta, quizás ya entrado el siglo XXI en un desayuno en el restaurante de la casa club del Country Club del cual ahora era socio. Y muy seguramente en referencia a Cósima Wagner.

*****

Con certeza era el 2 de febrero de 1994. Ese día comenzaba el segundo gobierno de Rafael Caldera. Ramón J. Velásquez había abandonado la sede del gobierno el día anterior. Hacia el final de la mañana Caldera aún estaba en la sede del Congreso en el acto de investidura presidencial, pero al Palacio de Miraflores ya comenzaban a llegar los que formarían el nuevo gobierno y los auto invitados de esas ocasiones. Ese día me correspondía esperar la llegada del nuevo Presidente al Palacio, presentarle mis respetos y hacer formal entrega del Ministerio de la Secretaría de la Presidencia al nuevo titular.

Entre los nuevos hombres de gobierno, que esperaban ansiosos la llegada de Caldera a Palacio, se encontraba el doctor Asdrúbal Baptista Troconis.

Las ideas de Baptista sobre el fin del ciclo rentístico petrolero venezolano le habían ganado espacio en las proximidades de Rafael Caldera. Pero la jefatura del programa económico del segundo gobierno de Caldera había sido puesta en manos del banquero Julio Sosa Rodríguez. Las diferencias entre Sosa y Baptista eran de público conocimiento y en los medios políticos nadie apostaba a que Pita le ganara la partida a quien en la familia presidencial llamaban “tío Julio”.

Al día siguiente de su triunfo electoral del 5 de diciembre de 1993, Caldera visitó el Palacio de Miraflores para reunirse con Velásquez y acordar los términos de la transición. Uno de los asuntos comentados fue la continuidad de la presencia de Sosa en los debates que en el seno del gobierno saliente se adelantaban en materia económica. “Ya logré ponerlos de acuerdo” le confesó Caldera a Velásquez en relación a Sosa y Baptista. Caldera resolvió las diferencias designando a Sosa como su Ministro de Hacienda y, según algunos, ofreciéndole a Baptista la Oficina de Coordinación y Planificación Cordiplan. Al final Caldera inventó un cargo para Baptista: Ministro de Estado para la Reforma de la Economía.

Al mediodía del 2 de febrero de 1994 Baptista estaba de pie y visiblemente incómodo en un pasillo del Palacio de Miraflores, a las puertas del Salón de los Espejos, suponiendo que sería un ministro sin cartera pero al menos con oficina en la sede presidencial. Me preguntó dónde estaban situadas las oficinas para los ministros de Estado y le comenté que en el propio Palacio no existían oficinas dispuestas para ministros de Estado ni para comisionados presidenciales… todas ellas quedaban en los edificios anexos, el edificio administrativo y en los espacios de la Plaza Bicentenario. En realidad, no se localizaban precisamente a un paso de los despachos donde atendía el Presidente. Tocaría al presidente Caldera o al Ministro de la Secretaría Andrés Caldera o al viceministro Fernando Egaña asignarle su espacio de trabajo. Pita, quien ya adivinaba sus desventuras palaciegas, bromeando me pidió que le mostrara el que hasta ese día había sido mi despacho, porque él estaba dispuesto a tomarlo “y atrincherarse”. Ignoro donde finalmente el ministro Baptista logró acampar en las cercanías presidenciales.

Apenas tres meses después, el ministro de Estado Baptista presentó su renuncia al cargo sin predecesor y sin sucesor. Como producto de su pasantía por el alto gobierno legó el documento “En razón del futuro: Líneas maestras de la estrategia económica”. Baptista insistía en tono profético que el capitalismo rentístico, financiado por gran masa de renta petrolera desde muy tempranas décadas del siglo XX, había hecho crisis en la segunda mitad de los años setenta y que correspondía al nuevo gobierno reorientar la economía. La visión casi apocalíptica de Baptista no era compartida por ninguna de las tendencias que dentro del segundo gobierno Caldera pugnaban por imponer su correspondiente programa económico y que, en definitiva, esperaban que la renta siguiera manando.

*****

Corría el año 2006. Recibo una tarjeta de invitación y algunas llamadas telefónicas desde la Fundación Polar para confirmar mi asistencia a la presentación de la tercera edición del libro “Bases cuantitativas de la economía Venezolana: 1830-2004”. El libro tuvo su primera aparición en 1991 y era la materialización de la teoría desarrollada por Baptista sobre la renta petrolera en la economía venezolana. El propósito de Baptista era construir series de tiempo de los grandes agregados macroeconómicos discriminando y resaltando el aporte rentístico del no rentístico.. Se trataba de un gran ejercicio teórico, conceptual y contable que el profesor Baptista consideraba de máxima relevancia.

La antesala del auditorio de la Fundación Polar estaba a reventar de invitados que esperaban ser autorizados para ir a sus asientos. Baptista se había convertido en miembro de la junta directiva de la Fundación Empresas Polar, la institución filantrópica del principal grupo empresarial del país, dirigida por Leonor Giménez de Mendoza de quien Pita era su cercano confidente.

El retraso para el inicio de aquel curioso acto social de presentación de un libro con series estadísticas, bañado con vino nacional y vestido de traje formal, era la tardanza del invitado especial. El año 2006 era tiempo de confrontación de los grupos empresariales contra la creciente hegemonía del chavismo y el invitado del Grupo Polar al ágape estadístico era Bernard Mommer, coautor del modelo conceptual de Baptista, pero esencialmente el Viceministro de Hidrocarburos en aquel momento.

Si bien Douglas Bravo rompió con Hugo Chávez antes de que el militar se hiciera con la Presidencia de Venezuela, muchos acólitos del douglismo aterrizaron en el gobierno chavista y colonizaron el poderoso sector petrolero. La presencia en el acto del antiguo compañero intelectual de Baptista, por quien esperaron los invitados a la presentación del libro, no podía dejar de ser interpretada como un intento de mostrar puentes entre la gran corporación y el régimen. Pero este es otro tema… En una entrevista que le hiciera Hugo Prieto en 2016, cuenta Prieto que Pita le contó que tuvo “una reunión en 2008 (15 de diciembre), con lo más alto del gobierno venezolano, faltaba el presidente Chávez, pero era lo más alto del gobierno” y agregó que él se “reconocía” como “el progenitor de la idea de construir viviendas, con la renta que estaba entrando en 2008”.  Por 2016, según leí, el profesor Baptista confesaba haberse equivocado en su análisis sobre el fin del ciclo rentístico en Venezuela y dejaba saber que otro ciclo se había hecho presente con la explosión de los precios del crudo a mediados de la primera década del siglo. Hasta profetizaba un futuro nuevo ciclo rentístico.

*****

Corría el mes de mayo del año 2011, el día 25 según algunos memoriosos. En la sede del IESA tuvo lugar un acto para homenajear a Ramón J, Velásquez quien por aquellos días ya había anunciado que abandonaba sus correrías y se quedaría en casa. Recibí tarjeta-email de invitación y en el pasillo de ingreso al IESA encontré a los anfitriones, encabezados por el profesor Baptista, recibiendo a los invitados. En el acto hablaron varios oradores incluyendo a Baptista. El historiador y cronista de la ciudad de San Cristóbal, Luis Hernández Contreras, interpretó varias piezas al piano. Fue la última ocasión en que vi a Pita.

*****

La costumbre de llamarle Pita surgió en la casa de sus padres. Al doctor Baptista no le molestaba que sus amigos le llamaran Pita.

Publicado originalmente en: