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| Asdrúbal Baptista Troconis. Foto: Ernesto Morgado/El Nacional |
Probablemente
fue un 23 de abril de finales de la década de los años setenta. El profesor
Baptista me había citado a su cubículo situado en la Facultad de Ciencias
Forestales. Allí tenía su sede el Instituto de Estadística Aplicada y
Computación de la Facultad de Economía de la Muy Ilustre
Universidad de los Andes.
Debió ser
un 23 de abril porque ese día, después de encontrarnos en la entrada del
edificio, apareció Bernard Mommer y Pita le brindó un saludo muy particular.
“Feliz cumpleaños a tu partido”. El partido al que se refería Pita era al
Partido de la Revolución Venezolana, el PRV que el guerrillero izquierdista Douglas
Bravo había fundado cuando se deslindó del Partido Comunista en 1966. Diez años
después, el profesor Mommer, alemán nacido en Francia que llegó a Mérida en
1976, encabezaba un equipo “clandestino” de trabajo del PRV, el cual produjo
varios tomos de teoría económica e historia petrolera venezolana. De ese equipo
formaba parte quien para la fecha era su esposa y quien era nuestra profesora
de Historia, Dorothea Melcher, además de
algunos muy jóvenes profesores de la ULA.
Por esos
días comenzaba a formarse la pareja intelectual de Baptista y Mommer que daría cuerpo
a un enfoque novedoso sobre el tema petrolero venezolano del cual emergería el
concepto de “capitalismo rentístico”. Nieto de un caudillo godo trujillano del
siglo XIX; socialcristiano a la usanza andina, católico y seguidor del partido
de Rafael Caldera, es decir copeyano; ferviente hijo intelectual de Teilhard de
Chardin y Adam Smith, Pita se alió intelectualmente con el izquierdista radical
Mommer. Ambos protagonizaron una aventura del pensamiento en la cual el
concepto económico clásico de la “renta del suelo” sería utilizado para
explicar el peculiar modelo económico venezolano.
Pita me
había citado para hablar, sólo para hablar. El citado era apenas un estudiante
y el profesor Baptista era una figura sobresaliente de la vida intelectual de
la Facultad. Poco nos conocíamos pero el severo profesor de Macroeconomía, Rodolfo
Guerrero, se encargó de amigarnos. Aquella mañana hablamos de Michał Kalecki, de
sus similitudes y diferencias con Keynes, de su utilidad conceptual en el
trabajo que Pita tenía en manos para diseñar un modelo propio que explicara la
distribución del ingreso en una economía fuertemente impactada por el ingreso
petrolero. El reducido espacio del cubículo del profesor Baptista estaba
saturado de libros y revistas, como años después estaría su cubículo del IESA
en Caracas. A un lado de su escritorio, quizás sobre una pequeña mesa o un
pequeño archivador, estaba un ejemplar con poesías de Kaváfis, Aquella primera
sesión de amistad terminó con una lectura suya, en voz alta, con cadencia
andina casi confesional, que gustaba asumir y sabía utilizar. “Teme las
grandezas, oh alma mía. Y si no puedes triunfar sobre tus ambiciones, entonces
síguelas con duda y precaución. Y mientras más avances, más atenta y
escrutadora has de ser”.
*****
Con certeza
eran los inicios del año 1980. Raúl Huizzi Gamarra había conquistado la
presidencia del Centro de Estudiantes de la Facultad de Economía el año
anterior y me pidió que trabajáramos para idear y producir una revista. Se
llamó “Inicio” y sólo circuló una vez.
La ULA era
un hervidero de debate sobre el tipo de Universidad en la que debía
convertirse. La larga, muy larga, gestión del rector Pedro Rincón Gutierrez
debía llegar a su final ese año. La Universidad se debatía entre el proyecto de
bandera socialdemócrata de José Mendoza Angulo y la visión meritocrática que se
denominaba “Carta Académica” liderizada por Leonel Vivas Jerez. En la revista
se incluyeron entrevistas con los dos candidatos al rectorado. También del
entonces líder estudiantil Alfonso “Caracciolo” León, de Raúl Huizzi y de dos prominentes
profesores de aquellos días: Cesar Briceño y José Valerio Vásquez. Todos
debatían “acerca de la Universidad”. Un trabajo del joven profesor Fabio
Maldonado reseñaba justamente el trabajo del equipo de Mommer. El otro
entrevistado sería el profesor Baptista.
En nuestra
Facultad corría una sensación de orgullo por la proyección que la obra de Baptista
estaba adquiriendo. “El Trimestre Económico”, revista arbitrada editada por el
mexicano Fondo de Cultura Económica, era una gran referencia académica en
español en el mundo de los estudios de Economía. Y unas semanas atrás Pita
había llegado a la Facultad con un paquete que contenía separatas de su trabajo
“Gasto público, ingreso petrolero y distribución del
ingreso” incluido en la edición de marzo de 1980 de “El Trimestre
Económico”. Queríamos entrevistar al profesor Baptista para la revista
Inicio y preguntarle sobre las perspectivas económicas venezolanas a la luz
de sus recientes formulaciones teóricas. Pero Pita se negó rotundamente a dar
una entrevista. Por esos días Baptista no era hombre de dar entrevistas y
prefirió que su participación fuera en la forma de un texto en el cual había
estado trabajando con el apoyo de Rodolfo Guerrero.
“Comentarios
de ocasión sobre Keynes, el monetarismo y la economía venezolana” fue el artículo
que aportó el profesor Baptista a la revista estudiantil. Le pedimos que posara
para una fotografía que figuraría en la portadilla de su artículo y también se
negó. “¿Si no existen fotografías de Smith, para qué se necesitaría una mía?”,
fue el argumento de Pita. Por esos días Baptista no era hombre de posar para
fotografías. La primera y púnica edición de la revista circuló. Alguien se
equivocó mientras se elaboraba la portadilla usando aquellas letras
transferibles que llamábamos “letraset” y se escribió el apellido del autor
como “Batista”. Así que ese trabajo fue publicado sin la “p” del apellido del
autor y sin su imagen fotográfica.
Haber usado
el ejemplo de Smith en su excusa no dejada de ser una burla en clave para los
miembros de la comunidad de la Facultad. Un busto con una dudosa imagen de Adam
Smith escoltaba la vida de la Facultad desde un pequeño jardín al lado del
largo pasillo de la sede provisional que ocupaba por los años ochenta. De tanto
que la Facultad de Economía cambió de sede en las décadas siguientes hoy en día
del busto de Smith nadie parece conocer su destino. De hecho, pensé que una
adecuada ilustración para este texto sobre Pita Baptista habría sido una imagen
de aquel busto. Emprendí una búsqueda, con mensajes en diversas redes sociales,
tratando de localizar alguna persona que conservara una fotografía de aquel Adam
Smith, pero la procura resultó infructuosa.
José
Mendoza Angulo ganó el rectorado de la ULA a mediados de 1980. A la Facultad de
Economía la renombraron en 1989 con el acomodaticio nombre de Facultad de
Ciencias Económicas y Sociales. Asdrúbal Baptista, ya mudado a Caracas desde
mediados de los años ochenta, conservó su condición de profesor de la Facultad de
Economía de la ULA con carácter vitalicio. Raúl Huizzi Gamarra conquistó el
decanato de la Facultad en 2008.
*****
La llegada
a la presidencia de la República del socialcristiano Luis Herrera Campins, en
marzo de 1979, significó que un grupo de profesores de la Facultad de Economía
de la ULA consiguieran puertas abiertas en el Gobierno. Algunos probaron suerte
aceptando cargos de segundo o tercer escalón ministerial en Caracas, pero
pronto regresaron a Mérida.
El trabajo
del profesor Baptista sobre la distribución del ingreso le valió que le
otorgaran el “Premio Nacional de Economía 1979” conferido por el propio Herrera
Campins. En esos días, junto a otros economistas, Pita fue comisionado por el
ministro de Hacienda Luis Ugueto para definir los términos de una Academia de
Ciencias Económicas. En Mérida comenzó a correr la versión según la cual el
gobierno planeaba crear un instituto de investigaciones económicas el cual
tendría su sede en la ciudad. Algunos señalaban incluso que sería construido un
moderno edificio en terrenos del Parque la Isla en las inmediaciones de
la sede de la corporación de desarrollo Corpoandes. En 1982 el comité del cual
formaba parte Baptista presentó al gobierno nacional su propuesta. El
hipotético instituto nunca se creó y el alucinado edificio nunca se construyó.
En cambio, Herrera Campins promovió, mediante una ley de 1983, la creación de
la Academia Nacional de Ciencias Económicas, obviamente con sede en Caracas. En
enero de 1984 Herrera Campins designó a una veintena de miembros fundadores.
Baptista fue incluido en la lista de los primeros individuos de número de la
naciente corporación.
El
académico Baptista aseguró a sus amigos que se incorporaría a la Academia, pero
no planeaba participar por algunos años. “Todavía tengo muchas cosas que hacer
antes de sumarme a los viejos académicos” dijo Pita quien en 1984 andaba por
los treinta y dos años de edad. Ya en 1988 aceptó ser el bibliotecario de la
Academia, en 2005 fue el vicepresidente y en 2007 finalmente la presidió.
*****
“A cada uno
nos toca nuestra propia Cósima”, sentenció Pita en alguna conversa. Quizás en
Mérida, quizás en Caracas, quizás un viernes en aquel bar abierto por españoles
en la Mérida de los años ochenta llamado “La Taberna de Eugenio” o, quizás, en
el comedor del IESA o, en un pasillo de la UCV. Quizás en los años ochenta,
quizás ya entrado el siglo XXI en un desayuno en el restaurante de la casa club
del Country Club del cual ahora era socio. Y muy seguramente en referencia a
Cósima Wagner.
*****
Con certeza
era el 2 de febrero de 1994. Ese día comenzaba el segundo gobierno de Rafael
Caldera. Ramón J. Velásquez había abandonado la sede del gobierno el día
anterior. Hacia el final de la mañana Caldera aún estaba en la sede del
Congreso en el acto de investidura presidencial, pero al Palacio de Miraflores
ya comenzaban a llegar los que formarían el nuevo gobierno y los auto invitados
de esas ocasiones. Ese día me correspondía esperar la llegada del nuevo
Presidente al Palacio, presentarle mis respetos y hacer formal entrega del
Ministerio de la Secretaría de la Presidencia al nuevo titular.
Entre los
nuevos hombres de gobierno, que esperaban ansiosos la llegada de Caldera a
Palacio, se encontraba el doctor Asdrúbal Baptista Troconis.
Las ideas
de Baptista sobre el fin del ciclo rentístico petrolero venezolano le habían
ganado espacio en las proximidades de Rafael Caldera. Pero la jefatura del
programa económico del segundo gobierno de Caldera había sido puesta en manos del
banquero Julio Sosa Rodríguez. Las diferencias entre Sosa y Baptista eran de
público conocimiento y en los medios políticos nadie apostaba a que Pita le ganara
la partida a quien en la familia presidencial llamaban “tío Julio”.
Al día
siguiente de su triunfo electoral del 5 de diciembre de 1993, Caldera visitó el
Palacio de Miraflores para reunirse con Velásquez y acordar los términos de la
transición. Uno de los asuntos comentados fue la continuidad de la presencia de
Sosa en los debates que en el seno del gobierno saliente se adelantaban en
materia económica. “Ya logré ponerlos de acuerdo” le confesó Caldera a
Velásquez en relación a Sosa y Baptista. Caldera resolvió las diferencias
designando a Sosa como su Ministro de Hacienda y, según algunos, ofreciéndole a
Baptista la Oficina de Coordinación y Planificación Cordiplan. Al final Caldera
inventó un cargo para Baptista: Ministro de Estado para la Reforma de la
Economía.
Al mediodía
del 2 de febrero de 1994 Baptista estaba de pie y visiblemente incómodo en un
pasillo del Palacio de Miraflores, a las puertas del Salón de los Espejos, suponiendo
que sería un ministro sin cartera pero al menos con oficina en la sede presidencial.
Me preguntó dónde estaban situadas las oficinas para los ministros de Estado y
le comenté que en el propio Palacio no existían oficinas dispuestas para
ministros de Estado ni para comisionados presidenciales… todas ellas quedaban
en los edificios anexos, el edificio administrativo y en los espacios de la
Plaza Bicentenario. En realidad, no se localizaban precisamente a un paso de
los despachos donde atendía el Presidente. Tocaría al presidente Caldera o al
Ministro de la Secretaría Andrés Caldera o al viceministro Fernando Egaña asignarle
su espacio de trabajo. Pita, quien ya adivinaba sus desventuras palaciegas, bromeando
me pidió que le mostrara el que hasta ese día había sido mi despacho, porque él
estaba dispuesto a tomarlo “y atrincherarse”. Ignoro donde finalmente el
ministro Baptista logró acampar en las cercanías presidenciales.
Apenas tres
meses después, el ministro de Estado Baptista presentó su renuncia al cargo sin
predecesor y sin sucesor. Como producto de su pasantía por el alto gobierno
legó el documento “En razón del futuro: Líneas maestras de la estrategia
económica”. Baptista insistía en tono profético que el capitalismo
rentístico, financiado por gran masa de renta petrolera desde muy tempranas
décadas del siglo XX, había hecho crisis en la segunda mitad de los años
setenta y que correspondía al nuevo gobierno reorientar la economía. La visión
casi apocalíptica de Baptista no era compartida por ninguna de las tendencias
que dentro del segundo gobierno Caldera pugnaban por imponer su correspondiente
programa económico y que, en definitiva, esperaban que la renta siguiera
manando.
*****
Corría el
año 2006. Recibo una tarjeta de invitación y algunas llamadas telefónicas desde
la Fundación Polar para confirmar mi asistencia a la presentación de la tercera
edición del libro “Bases cuantitativas de la economía Venezolana:
1830-2004”. El libro tuvo su primera aparición en 1991 y era la
materialización de la teoría desarrollada por Baptista sobre la renta petrolera
en la economía venezolana. El propósito de Baptista era construir series de
tiempo de los grandes agregados macroeconómicos discriminando y
resaltando el aporte rentístico del no rentístico.. Se trataba de un
gran ejercicio teórico, conceptual y contable que el profesor Baptista consideraba
de máxima relevancia.
La antesala
del auditorio de la Fundación Polar estaba a reventar de invitados que
esperaban ser autorizados para ir a sus asientos. Baptista se había convertido
en miembro de la junta directiva de la Fundación Empresas Polar, la institución
filantrópica del principal grupo empresarial del país, dirigida por Leonor
Giménez de Mendoza de quien Pita era su cercano confidente.
El retraso
para el inicio de aquel curioso acto social de presentación de un libro con
series estadísticas, bañado con vino nacional y vestido de traje formal, era la
tardanza del invitado especial. El año 2006 era tiempo de confrontación de los
grupos empresariales contra la creciente hegemonía del chavismo y el invitado
del Grupo Polar al ágape estadístico era Bernard Mommer, coautor del modelo
conceptual de Baptista, pero esencialmente el Viceministro de Hidrocarburos en
aquel momento.
Si bien
Douglas Bravo rompió con Hugo Chávez antes de que el militar se hiciera con la
Presidencia de Venezuela, muchos acólitos del douglismo aterrizaron en el
gobierno chavista y colonizaron el poderoso sector petrolero. La presencia en
el acto del antiguo compañero intelectual de Baptista, por quien esperaron los
invitados a la presentación del libro, no podía dejar de ser interpretada como
un intento de mostrar puentes entre la gran corporación y el régimen. Pero este
es otro tema… En una entrevista que le hiciera Hugo Prieto en 2016, cuenta
Prieto que Pita le contó que tuvo “una reunión en 2008 (15 de diciembre), con
lo más alto del gobierno venezolano, faltaba el presidente Chávez, pero era lo
más alto del gobierno” y agregó que él se “reconocía” como “el progenitor de la
idea de construir viviendas, con la renta que estaba entrando en 2008”. Por 2016, según leí, el profesor Baptista
confesaba haberse equivocado en su análisis sobre el fin del ciclo rentístico
en Venezuela y dejaba saber que otro ciclo se había hecho presente con la
explosión de los precios del crudo a mediados de la primera década del siglo.
Hasta profetizaba un futuro nuevo ciclo rentístico.
*****
Corría el mes
de mayo del año 2011, el día 25 según algunos memoriosos. En la sede del IESA tuvo
lugar un acto para homenajear a Ramón J, Velásquez quien por aquellos días ya
había anunciado que abandonaba sus correrías y se quedaría en casa. Recibí
tarjeta-email de invitación y en el pasillo de ingreso al IESA encontré a los
anfitriones, encabezados por el profesor Baptista, recibiendo a los invitados. En
el acto hablaron varios oradores incluyendo a Baptista. El historiador y
cronista de la ciudad de San Cristóbal, Luis Hernández Contreras, interpretó
varias piezas al piano. Fue la última ocasión en que vi a Pita.
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La
costumbre de llamarle Pita surgió en la casa de sus padres. Al doctor Baptista
no le molestaba que sus amigos le llamaran Pita.
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