lunes, 5 de febrero de 2024

25 años en listas

Texto de Edgar C. Otálvora en el proyecto editorial "1999-2024: Cómo han cambiado nuestras vidas" del Papel Literario de El Nacional. Publicado el 04 de febrero de 2024.

IN-XILIOS, @AARON SOSA/El Nacional



Corrían los primeros días del año 1999 y por los pasillos del edificio de la Cancillería venezolana se sentía el paso de un grupo de jóvenes diplomáticos en plan de Guardia Roja de la revolución cultural china. Se habían proclamado paladines del nuevo gobierno y entre sus tareas estaba identificar a los diplomáticos que estaban en el extranjero a quienes habría que destituir de inmediato. Probablemente fue la primera lista en la cual fui incluido por el régimen. Ya en Caracas, me sumé a la reducida lista de los primeros asistentes a la reunión de los martes que Lewis Pérez comenzó a organizar en momentos cuando partidos y políticos estaban en catatonia. Un año después no cabía el gentío en la sala del CEN de AD.

A principios del milenio mi nombre apareció en una lista de “enemigos de las Fuerzas Armadas”. La lista se filtró y fue publicada por un semanario de la época. El editor de mis libros se enteró que el libro “La Crisis de la Corbeta Caldas” aparecía en la lista de los que no serían incluidos entre los nuevos lanzamientos que Venezuela llevaría a ferias de libros en el extranjero. Aparecí en la lista de periodistas que, según el régimen, inventaron una crisis militar a propósito del inminente acuerdo del régimen con Colombia sobre el Golfo de Venezuela. Después mi nombre apareció en una lista de conspiradores que actuaban desde la Universidad Metropolitana, a propósito del tema limítrofe. Más adelante, vándalos cibernéticos incluyeron mi nombre en la lista de enemigos de la revolución a quienes se les debía jaquear cuentas de email y portales web. Obviamente aparecí también en la lista de quienes firmamos solicitando el referendo para destituir a Chávez, la llamada Lista Tascón usada por el régimen para su apartheid contra los opositores.

Por incitación de Simón Alberto Consalvi fui incluido en la lista de los autores que darían cuerpo a la Biblioteca Biográfica Venezolana, no todas las listas eran negativas.

Debí incluirme en la lista de quienes tenían tarjeta de crédito para así poder disponer de dólares, para lo cual había que viajar fuera del país. Pronto, para optar al uso de tarjetas de crédito en el extranjero era imprescindible aparecer en la lista de clientes de alguno de los bancos del gobierno. Y después resultó necesario incluirse en un listado que llevaba cada banco en el cual constaban fechas y lugares de posibles viajes al extranjero, para así poder utilizar los servicios on line desde fuera de Venezuela.

Por casualidad me enteré que fui incluido en la lista de los venezolanos que se fueron, o que se niegan a participar en el esquema de control social, mediante una tarjeta digital, para recibir bonos y subsidios. Desde esa fecha alguien, usufructuando mi nombre, cobra los bolívares que de vez en vez el régimen gotea a la población. Desde ya hace varios años estoy en la lista de los venezolanos que ya no viven en Venezuela.

Las listas son sólo parte de la vivencia de un cuarto de siglo, claro. Pero sirven de útiles mogotes para cuando se piensa en los cambios en un cuarto de siglo de vida.

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