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miércoles, 31 de julio de 2024

Edmundo González Urrutia de la retaguardia opositora a la calle

Informe Otálvora del 27 de julio de 2024

Edmundo González Urrutia, junto a su esposa Mercedes, el 23JUL24 durante una concentración popular en Maracaibo, estado Zulia. Foto: @ConVzlaComando

Edmundo González Urrutia, la carta con la cual la oposición venezolana intenta derrotar a la dictadura chavista en las votaciones convocadas para el 28JUL24 no es un hombre ajeno a la política. Su carrera profesional como diplomático y su posterior rol de activista lo ha mantenido permanentemente en el mundo de lo político. Su vertiginoso ascenso a las primeras filas, de la mano de la lideresa María Corina Machado, ha significado su paso desde la retaguardia a la tribuna pública. Pero EGU ha sido en las ultimas dos décadas parte de un numeroso conglomerado de venezolanos que han militado en contra del chavismo en los diversos intentos de organización de la causa democrática venezolana.

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Como diplomático de carrera desde los años setenta, EGU actuó tanto en el servicio exterior como dentro de la cancillería venezolana. A finales de los años setenta fue enviado como primer secretario a la misión de Venezuela en Washington. Después, en 1981, fue incorporado como segundo de misión en la Embajada de Venezuela en El Salvador en plena guerra salvadoreña. Allí acompañó al hoy en día reconocido presentador de TV Leopoldo Castillo quien ejercía como Embajador. Durante el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, EGU es enviado ya con rango de Embajador como jefe de la misión en Argel.

Con el ascenso de Rafael Caldera a la Presidencia en 1994 y la designación de Miguel Ángel Burelli Rivas como Ministro de Exteriores, EGU fue designado como Director General Sectorial de Política de la cancillería, el cargo más relevante para la época en cuanto al seguimiento, planificación y ejecución de la política exterior. Varios otrora jóvenes socialcristianos que había ingresado a la cancillería venezolana a finales de los años setenta comenzaban finalizando los años ochenta a ocupar las más importantes posiciones de la diplomacia venezolana. En esa condición EGU comenzó a trabajar directamente con Burelli Rivas.

El 06SEP94 el presidente de Colombia Ernesto Samper Pizano visita Venezuela y suscribe una declaración con Rafael Caldera. En la foto tomada en los jaridines de la entonces residencia presidencial de La Casona en Caraca, de izq. a der., el embajador Julio Riaño director de protocolo de la cancillería colombiana, Ernesto Samper y Rafael Caldera, Edmundo González Urrutia. Atrás los ministros Rodrigo Pardo García-Peña y Miguel Ángel Burelli Rivas. Foto: Portal RafaelCaldera.com

 

En agosto de 1994 Edmundo González Urrutia desembarca en la base militar de CATAM en Bogotá acompañando al canciller Burelli Rivas quien realizaba una visita oficial a Colombia. En la foto de izq a derecha: un funcionario de seguridad de la Embajada de Venezuela en Colombia, el embajador Abdón Vivas Terán, el ministro Miguel Ángel Burelli Rivas, EGU y Edgar C. Otálvora. Foto: Colección ECO


En su condición de jefe de la Dirección de Política Exterior de la cancillería, en esos días le correspondió a EGU la organización de la VII Cumbre Iberoamericana de la cual Venezuela era anfitriona y que tuvo lugar el 08-09NOV1997.  El documento aprobado por los mandatarios en la cumbre y en cuya discusión participó EGU llevó por título “Los valores éticos de la democracia”.

EGU, organizador del evento multilateral iberoamericano, aparece atrás del presidente  Rafael Caldera quien recibe aplausos de los mandatarios reunidos en la Isla de Margarita, el 09NOV1997. Foto: Portal RafalCaldera.com

Rafael Caldera, hacia el final de su mandato, decide enviar a EGU como su Embajador ante el gobierno de Argentina y la designación coincidiría con el inicio del gobierno de Hugo Chávez. EGU, como otros jefes de misión diplomática muchos de ellos con largas carreras diplomáticas continuaron en sus cargos. EGU permaneció al frente de la misión venezolana en Buenos Aires hasta el 2002.

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Tras su jubilación del Ministerio de Relaciones Exteriores, EGU comienza rápidamente a convertirse en un activista opositor, en un analista de política exterior y en un operador de la oposición. A medida que el chavismo va adquiriendo condición hegemónica y los partidos virtualmente desaparecen, en Venezuela se van cerrando los espacios para el debate político. Dos fundaciones alemanas, corriendo el riesgo de ser prohibidas por el régimen, promovieron estudios, foros, viajes al exterior, edición de libros y lugares para la discusión. Si bien la Fundación Friedrich Ebert reflejaba las contradicciones que en el seno de la socialdemocracia  alemana se vivía ante el régimen chavista, los encargados de la fundación en Caracas decidieron tender la mano a la golpeada oposición. En ese ambiente, EGU comienza a ser un usual participante en foros de análisis político y autor de textos para la fundación socialdemócrata alemana  Friedrich Ebert en Caracas.  

En mayo de 2005, EGU participó en la creación del Grupo Ávila, junto a un largo grupo de diplomáticos y expertos en temas internacionales entre los que se encontraban Fernando Gerbasi, Milos Alcalay, Adolfo Salgueiro, Adolfo Taylhardat, Rodrigo Arcaya, Erik Becker Becker, María Teresa Belandria, Sadio Garavini Di Turno, Beatriz Gerbasi, Emilio Nouel,  Rosario Orellana y María Teresa Romero entre otros. El propósito del grupo es actuar como un foro de debate de temas de política exterior y nacional. Con el auspicio de la Fundación Konrad Adenauer el Grupo Ávila, coordinado por EGU, realiza reuniones semanales donde han debatido los tremas de actualidad y han aprobado comunicados y pronunciamientos sobre la crisis venezolana desde una perspectiva de los eventos de política exterior.

 

Una reunión del Grupo Ávila presidida por Edmundo González Urrutia para discutir sobre las negociaciones del gobierno de Colombia con las Farc y su impacto en Venezuela el 10OCT16. Foto: Emilio Nouel.

 

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Aparte de la actividad de análisis político, EGU ingresó a la actividad política directa acompañando a otro socialcristiano, Ramón Guillermo Aveledo, trabajando juntos desde Secretaría Ejecutiva de la alianza política denominada Mesa de la Unidad Democrática y desde el Instituto de Estudios Parlamentarios Fermín Toro. Oficialmente EGU actuaba como Coordinador de Enlace Internacional de la MUD desde el año 2008 y por un lapso de seis años. EGU se convirtió en un activista político internacional y en una presencia permanente en los debates que la oposición vivía.

En junio de 2013, poco después de la toma de posesión de Nicolás Maduro tras unas elecciones rodeadas de señales de fraude, Aveledo viaja a Washington para una serie de reuniones con cargos del Ejecutivo y con congresistas de ambos partidos. EGU formó parte de la delegación enviada a Washington junto al parlamentario socialdemócrata Williams Dávila Barrios. Entre los interlocutores de la delegación venezolana estuvieron la entonces subsecretaria para el Hemisferio Occidental del Departamento de Estado Roberta Jacobson, Jack Sullivan quien era el asesor de seguridad nacional del vicepresidente Joe Biden, el senador demócrata Bob Menéndez y la representante republicana Ileana Ros-Lehtinen.

El 19JUN13 en el Departamento de Estado de EEUU, Edmundo González Urrutia, Ramón Guillermo Aveledo, Roberta Jacobson y Williams Dávila Barrios. Foto: MUD.


En 2013 el Secretario de la MUD, Ramón Guillermo Aveledo, decidió la constitución de un equipo de asesores para diseñar la diplomacia de la oposición hacia varios países claves como EEUU, Colombia y Brasil, entre otros. La coordinación de ese grupo de asesores en la sombra estaba en manos de EGU. En esa época también, una de las actividades que realizó EGU fue viajar a países del Continente donde se estaban ya concentrando crecientes grupos de venezolanos. La tarea de EGU era transmitir a los venezolanos las novedades políticas y promover la organización de núcleos opositores en cada capital. No es cierto que EGU fuera un personaje alejado del activismo político.

 

Edmundo González Urrutia con un grupo de venezolanos en San José de Costa Rica alrededor de 2014. Foto: Colección ECO.

Avelado renuncia a la secretaría de la MUD a mediados del año 2014, EGU comienza a viajar a diversos foros internacionales ahora en condición de  coordinador de relaciones internacionales del Instituto de Estudios Parlamentarios Fermín Toro. 

Edmundo González Urrutia el 28SEP17 expone en Ciudad de México la situación política venezolana en un evento convocado por la Fundación Konrad Adenauer.

La alianza opositora MUD que en 2012 se había convertido en partido político, fue la plataforma con la cual la Oposición venezolana logró la mayoría absoluta de 56% de los votos en las elecciones parlamentarias del 06DIC15. El régimen procedió a ilegalizarla en 2018 y a devolverle su personería en 2021. Sin estructura ni militancia, la siglas de la MUD permanecían legalmente activas y la personería se mantenía en manos de EGU. Esta circunstancia abrió un boquete en el fraudulento sistema electoral chavista que permitió la inscripción de la candidatura de EGU,   ante el rechazo del régimen a permitir la participación de María Corina Machado en las votaciones del 28JUL24.

Edmundo González Urrutia, con el respaldo de MCM y el aval de las fuerzas opositoras venezolanas pasó de la retaguardia opositora a la tribuna pública en procura de la Presidencia de Venezuela, en un intento de derrotar a una dictadura con votos y movilización popular.

 

sábado, 26 de noviembre de 2016

Ramón J. Velásquez no se dejó tumbar

El 28 de noviembre se cumplió el primer siglo del nacimiento del expresidente venezolano Ramón J. Velásquez. A continuación el texto leído por Edgar C. Otálvora en la Academia Nacional de la Historia durante la Sesión Especial realizada el 24 de noviembre de 2016. 


Debo en primer lugar reconocer a la Academia Nacional de la Historia y a la Asamblea Nacional por esta feliz iniciativa para recordar a Ramón J. Velásquez, en la ocasión del centenario de su nacimiento.

Debo, igualmente, agradecer por la invitación que me hicieran para tomar la palabra junto a los muy reconocidos historiadores que hoy tengo como compañeros de panel.

Permítanme recordar que hoy es 24 de noviembre del año 16 del siglo XXI. Se están cumpliendo, que no celebrando, sesenta y ocho años del derrocamiento del primer civil electo constitucionalmente en elecciones universales en Venezuela.

Cuando pensaba sobre las palabras que debía pronunciar hoy en esta ilustre corporación, la fecha prevista para el evento surgió como una referencia importante. Los amables organizadores de este homenaje al presidente Velásquez, me pidieron que enfocara mi intervención en los ocho meses del gobierno de quien fuera mi jefe y mi amigo. Obviamente, el 24 de noviembre de 1948 no forma parte del lapso durante el cual Velásquez ejerció como jefe del Estado venezolano.
Pero, quizás como una travesura del destino, valga la pena recordar que el 24 de noviembre de 1948 fue derrocado un gobierno del cual el joven Velásquez formaba parte, en el cual ejerció quizás su primer cargo público formal. Llevado por Alejandro Oropeza, el treintañero Velásquez miraba de cerca cómo el gobierno democrático de Rómulo Gallegos comenzaba a dar cuerpo a la doctrina que Rómulo Betancourt y sus compañeros de polémica y exilio, habían planeado. La  Corporación Venezolana de Fomento era la materialización del enfoque betancuriano de crear el mercado, utilizar el ingreso petrolero para crear la oferta y la demanda. El país estaba cambiando y Velásquez quería conocer el proceso desde adentro. Llegaron asesores extranjeros. El gobierno mandó emisarios a las perdidas capitales interioranas ofreciendo créditos para aumentar la producción agropecuaria o para levantar novedosas factorías. Y Velásquez estaba allí, mirando, tomando nota, aprendiendo.
Edgar C. Otálvora. Foto: ANH
Carlos Hernández Delfino, la Directora de la Academia Nacional de la Historia Inés Quintero y el académico Elías Pino Iturrieta siguen la intervención de Edgar C. Otálvora sobre Ramón J. Velásquez. Foto: ANH


Siete meses ante del golpe contra Gallegos, Velásquez formó parte de la extensa y notable delegación que acompañó a Betancourt a la IX Conferencia Panamericana en Bogotá. La versión, todavía repetida por algún godo bogotano, asegura que Betancourt y sus acompañantes contribuyeron a fomentar la poblada del 9 de abril desatada tras el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán. En aquellos días del año 48, para los conservadores colombianos que seguían a don Laureano Gómez, para el gobierno de don Mariano Ospina, pero también para los diplomáticos del gobierno de Harry Truman, Betancourt y los suyos eran agentes soviéticos. Como reseñó Simón Alberto Consalvi en su obra sobre el golpe del año 48, el canciller colombiano de la época afirmó ante el Embajador estadounidense que con la caída de Gallegos “se había removido una amenaza comunista en América”. Lo cierto del caso es que el temprano fin del gobierno de Gallegos acabó la primera experiencia de gobierno de Ramón J. Velásquez y hasta le tocó su primer carcelazo.       

Entro en materia. Si acaso ya no lo había hecho.

En los primeros años de la década de los años noventa del siglo pasado, Venezuela y más específicamente la ciudad de Caracas, era escenario para el cotidiano ejercicio del viejo arte de la conspiración política. El propósito de estas palabras no es, obviamente, comentar sobre la conjura que condujo al enjuiciamiento y destitución de Carlos Andrés Pérez en 1993. Pero algo debemos decir al respecto.

Grupos económicos con gran poder mediático disputándose los despojos de un Estado empobrecido y debilitado. Empresarios que aplaudían a intelectuales que les recitaban trozos de Friedrich von Hayek o Ludwig von Mises pero que estaban horrorizados porque Pérez negoció el ingreso de Venezuela al Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) y se proponía liberar el comercio con los socios del Acuerdo de Cartagena.

Generales y almirantes luchando por controlar la cúpula y los presupuestos militares, sin que les quedara tiempo para ocuparse del rancho de los soldados o las costuras de los uniformes de los tenientes.

Odios acumulados contra los adecos de parte de hijos y delfines del gomecismo, que buscaron por décadas vengarse por la casa asaltada y por el exilio después del golpe del año 45.

Grupos de confesos anticolombianos que no quedaron satisfechos con la solución política a la Crisis de la Corbeta Caldas y que procuraban una guerra con Colombia.

Los derrotados de la agresión castrista de los años sesenta. Algunos de ellos en modalidad de agentes zombis y otros como cuadros activos en los que para la época se denominaban “grupúsculos” de la izquierda no pacificada, que aguardaban desde universidades, instituciones culturales, cuarteles  o embajadas por un momento para el nuevo alzamiento.

Lamentablemente la lista puede llevarnos más tiempo del disponible… Digamos que el cuartelazo del 4 de febrero de 1992 confirmó que Venezuela era tierra de conspiración. No era cosa nueva en la historia patria, valga decirlo.

El senador Velásquez se sometió al escrutinio popular en las elecciones del año 1988, procurando lo que ya él había decidido sería su último período en el Congreso Nacional. Velásquez viajó al Táchira y participó en la campaña de Carlos Andrés Pérez. El mensaje electoral para los paisanos de Pérez y Velásquez  tenía que dar respuesta a la difícil situación económica que vivía la zona fronteriza, impactada por las políticas de restricción comercial impuestas por el gobierno Lusinchi para frenar lo que en aquellos años comenzaron a llamar con el pleonasmo de “contrabando de extracción”.

Desde los años sesenta, cuando Pérez como ministro de Rómulo Betancourt y el cucuteño Virgilio Barco Vargas  como ministro de Guillermo León Valencia, solicitaron a la OEA la elaboración de un diagnóstico de la frontera común, existió el convencimiento de que el desarrollo fronterizo requería del concurso cooperativo de los dos Estados. A esa orientación de políticas se le llamaba “integración fronteriza” y Velásquez como hombre de Estado y como tachirense, era un convencido de ella. El problema era que en el año 1988 las relaciones oficiales con Colombia andaban maltrechas desde un año antes cuando la Crisis de la Corbeta Caldas casi deriva en conflicto bélico.

En 1959 Betancourt invitó a Velásquez a formar parte de su gobierno y atender, entre otros asuntos delicados, unas sigilosas relaciones con el gobierno de Colombia. De forma análoga, en 1989 Pérez invitó a Velásquez, quien resultó reelecto senador en diciembre de 1988, para que encabezara una iniciativa novedosa para la frontera occidental venezolana.

Desde el día de la toma de posesión de Pérez el 2 de febrero de 1989, con Barco Vargas en la presidencia de Colombia, se comenzó a armar un esquema bilateral, distinto al de las instancias usuales diplomáticas, para escuchar a las comunidades fronterizas, identificar proyectos bilaterales y promoverlos ante los respectivos gobiernos. La apertura comercial andina se estaba negociando a ritmo rápido y era una prioridad ajustar la frontera a los nuevos tiempos para que, lejos de ser víctimas del libre comercio, pudieran sacarle provecho justamente a su localización.

Las comisiones fronterizas, diseñadas entre Venezuela y Colombia, se convirtieron en guías para otras realidades fronterizas suramericanas. Velásquez asumió su tarea como Presidente de la Comisión Presidencial de Asuntos Fronterizos, COPAF, contraparte de la comisión colombiana, guiando aquellas particulares negociaciones en las cuales participaban diplomáticos, militares, técnicos de todas las áreas, representantes políticos y las comunidades fronterizas. Aparte del trabajo diplomático, igualmente era usual ver a Velásquez, en aquellos días,  a bordo de un helicóptero o en un avión de transporte de tropas camino a Castilletes, o a Valledupar o a Guasdualito. Quería hablar con los habitantes de la frontera y así lo hizo.

El sábado 28 de marzo de 1992 una reputada abogada venezolana, de buena familia y apellidos, se paseó por los principales diarios de Caracas pidiendo que fuera publicado un comunicado emitido por los militares golpistas. La democracia permitía que los militares presos tuvieran ilimitado contacto con abogados, parientes, operadores políticos, periodistas, amigos y amigas. Hasta se les permitía que publicaran proclamas.

Los militares golpistas presos firmaron un documento acusando a la COPAF de “la entrega de las armas de negociación política con que cuenta Venezuela para defender sus intereses vitales”. Para la logia golpista de 1992 y sus primeros escribidores, discutir con Colombia algunos planes de integración fronteriza configuraba “delito de Traición a la Patria”. Visto en perspectiva casi puede causar gracia. Aquel comunicado exigía la paralización de las negociaciones y la renuncia de los comisionados. Ni Velásquez, ni el resto de personalidades que actuaban como comisionados para asuntos fronterizos y en la comisión negociadora sobre el delicado tema del Golfo de Venezuela, cedieron a las acusaciones y amenazas llegadas desde el Cuartel San Carlos. Por el contrario, las comisiones fronterizas binacionales organizaron una gran reunión plenaria, a mediados de año en San Cristóbal, en presencia de Pérez y Cesar Gaviria que procuraba normalizar los trabajos bilaterales.   

El compromiso de Velásquez con la estabilización democrática, luego del cuartelazo de febrero de 1992 además, quedó patente al aceptar la encomienda de Pérez para encauzar una consulta nacional. El 26 de febrero, Velásquez y un grupo de personalidades muchas de ellas orientadas hacia el área de la Economía, se constituyeron en lo que se denominó el Consejo Consultivo de la Presidencia. A un ritmo vertiginoso, ese Consejo produjo en menos de dos meses, un documento con más de un centenar de recomendaciones que reflejaban el abanico de preocupaciones y respuestas que ocupaban a la sociedad venezolana. Los vientos huracanados de la crisis del año 92 se llevaron consigo esas recomendaciones.

A esta altura de mi exposición debo hacer explícito lo que ya está implícito. Ramón J. Velásquez no participó en la conspiración para echar de la Presidencia a Carlos Andrés Pérez. Y, por el contrario, Velásquez ofreció su prestigio, sus hombros y su trabajo para buscar darle estabilidad al sistema político.

El 5 de junio de 1993, Ramón J. Velásquez tomó posesión de la Presidencia de la República luego que el Congreso Nacional autorizó el enjuiciamiento de Pérez. Quien en los años sesenta se había movido procurando su postulación presidencial, llegaba a Miraflores en razón de un pacto no escrito de los principales partidos, las cúpulas empresariales, los jefes militares, la derecha y la izquierda.

En un libro sobre el gobierno de Velásquez que escribimos en 1994, cuando los hechos aún estaban calientes, decíamos:

Al menos dentro de la práctica venezolana posterior al 23 de enero del año 58, y en general dentro de cualquier sistema político de base electoral y con los partidos como unidad esencial organizativa, todo Presidente llega al gobierno contando con por lo menos seis elementos que le sirven de impulso inicial para la acción gubernamental y como casi seguro sustento durante la gestión. Un partido político o una coalición de varios; un equipo de campaña electoral; un equipo de técnicos asesores encargados de la elaboración del programa de gobierno, es decir, de la oferta electoral; un grupo de amigos solidarios y dispuestos a cooperar con el amigo candidato-presidente; y una fracción parlamentaria afín. Todos estos grupos humanos son canteras a la mano del electo para entre ellos seleccionar a sus colaboradores. Un sexto elemento no menos importante: tiempo, unas pocas semanas o unos meses, tiempo que es útil para formar gobierno, preparar el despegue, las primeras acciones, el efecto publicitario de los primeros días de cada gobierno, decantar los equipos de trabajo, decidir quiénes de esos compañeros de partido, asesores técnicos, o amigos irán a sentarse en la mesa del salón del Consejo de Ministros.

Velásquez llegó al gobierno sin ninguno de los elementos que antes mencioné. Quizás sólo con una impresionantemente larga lista de amigos, lo cual ayuda pero no basta para armar gobierno y gobernar. Velásquez llegó a la Presidencia ignorando incluso la duración de su mandato, ya que fue sólo hasta la noche del 31 de agosto cuando el Congreso Nacional decidió calificar como absoluta la ausencia de Pérez y, por tanto, extender las funciones de Velásquez hasta febrero del año siguiente cuando concluyera el periodo constitucional. Entre el 5 de junio y el primero de septiembre, Venezuela tuvo dos presidentes. Uno titular del cargo y suspendido, y otro interino en ejercicio de las funciones. Uno oficialmente viviendo en La Casona y otro estacionado en los pequeños aposentos de Miraflores. Ambos, por cierto, compartiendo la misma Casa Militar.

Desde el principio de su estadía en Miraflores, Velásquez expresó que su principal tarea era garantizar un clima político que permitiera la realización de las elecciones presidenciales y el cambio de gobierno. Suena fácil… pero no lo era.

Apenas comenzaba el gobierno de Velásquez y desde una poderosa televisora incluyeron en su principal telenovela un personaje que obviamente era Velásquez y, sobre el cual comenzaron a verter sospechas. Aquello era increíble. Era como si el aparato propagandístico que había erosionado al gobierno de Pérez se disponía a repetir la estrategia con Velásquez. Velásquez tenía días en Miraflores y ya algunos pensaban en derrocarlo.

Una de las primeras decisiones de Velásquez fue suspender todas las negociaciones limítrofes y fronterizas con Colombia, de común acuerdo con el gobierno Gaviria. Las comisiones prepararían informes para ser entregados al nuevo gobierno venezolano. Pero un alto funcionario diplomático venezolano viajó a Bogotá y, desobedeciendo las precisas instrucciones presidenciales, provocó un incidente a propósito del tema del Golfo de Venezuela.

Las universidades estaban sin presupuesto, para variar, y las arcas del gobierno estaban vacías, mientras dirigentes estudiantiles vinculados con los militares golpistas estaban agitando la calle. En una ocasión llevaron una marcha hasta la esquina de Miraflores. El Presidente ordenó invitar a que una comisión ingresara a Palacio para conversar con Velásquez. Algunos de ellos después han figurado en altos cargos del actual régimen. No olvidemos, además, que Caracas vivió una serie de atentados terroristas, con explosiones en concurridos centros comerciales, que en su momento fueron explicados como intentos de desestabilización financiera.

Desde la capital de EEUU, como si fuera poco, llegaban reportes sobre sondeos que altos mandos militares venezolanos habrían realizado ante el gobierno de Bill Clinton para ejecutar un golpe en Venezuela.  Y en Caracas se daba como un hecho que un grupo económico, con serios problemas de liquidez, estaba auspiciando su propio golpe de Estado. O quizás no era un golpe diferente sino el mismo para el que habían ido a buscar permiso en EEUU.  

Cuando se pasa revista a la ejecutoria del Velásquez Presidente, deben mencionarse de forma especial algunos temas. Conocedor de las tendencias económicas aperturistas que ganaba fuerza, decidió elevar a la condición de Ministro a quien hasta la fecha era jefe de una oficina de Comercio Exterior dependiente de la Cancillería. Creó un Ministerio de Estado para la descentralización y dictó reglamentos que daban cuerpo a las reformas que él mismo había impulsado durante su gestión al frente de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado de tiempos de Jaime Lusinchi. Velásquez creía en un estado federal y plasmó su idea al crear el Consejo Territorial de Gobierno integrado por gobernadores electos, que eran una novedad en el país.

Programas de integración fronteriza aparte, Velásquez conocía de cerca la creciente penetración de la guerrilla colombiana en territorio venezolano, por lo  que  dictó un reglamento creando zonas de seguridad fronteriza, decisión que esperaba desde el año 1977 cuando se había emitido la Ley de Seguridad y Defensa.

Sabiendo lo menguado de los ingresos fiscales, Velásquez se atrevió a firmar un decreto-ley estableciendo el Impuesto sobre las ventas, el cual debería proveer recursos al nuevo gobierno que arrancara en 1994. Medida neoliberal, decían desde la izquierda. Medida insuficiente, decían los neoliberales. Por ironías de la política, el gobierno de Rafael Caldera, beneficiario de aquella dura decisión impositiva, optó por no aplicarla al inicio de su gestión. Creo que después se arrepintieron…

Podríamos dedicar unos minutos más pasando revista a la ejecutoria administrativa de Velásquez. Prefiero, sin embargo, tocar lo que considero central. Ramón J. Velásquez, armado con sus cualidades personales, su honradez, su confiabilidad, su disposición para oír a unos y otros, su sentido del tiempo y de los tiempos de los procesos venezolanos, supo llevar la nave a puerto.

El 5 de diciembre se realizaron las esperadas elecciones presidenciales en las cuales Rafael Caldera ganó con apenas el 30% de los votos, reflejando el estado de fragmentación política que imperaba en Venezuela. Tras conocerse los resultados comenzó el inmediato proceso de entronque de los dos gobiernos. Velásquez, incluso, realizó designaciones de importantes cargos atendiendo a las indicaciones del presidente electo.

El mandado de Velásquez estaba hecho.  Al contrario del 24 de noviembre de  1948, Velásquez no salió para la cárcel sino para su casa donde lo esperaba Doña Ligia y sus libros.

Al contrario del gobierno de 1948, Velásquez no se dejó tumbar.